jueves, 28 de mayo de 2009

Contra los magufos y la mentira

Me han dicho en varias ocasiones que soy muy duro con los magufos; practicantes de reiki, homeópatas, y demás creyentes de lo que eufemísticamente podríamos llamar "una serie de explicaciones de fenómenos que se desarrollan alternativamente a los cauces científicos habituales". Muchas son las acusaciones que me hacen al respecto, desde que adolezco de excesivo "cientificismo" hasta que en el fondo lo que pretendo es reinstaurar la inquisición e iniciar una quema de brujos. Esa acusación es excesiva, me conformaría con que los más perniciosos fueran a la cárcel.

Quiero sin embargo destacar uno de los argumentos que se me dan al respecto por ser aparentemente más razonable que los demás: si determinadas prácticas tienen efectos beneficiosos, ¿por qué preocuparse por el rigor con que se presenten? ¿Qué importancia tiene hacer hincapié en que tales efectos se deban a la sugestión? lo importante son los efectos.

Ciertamente, si estas prácticas funcionan, es solo por sugestión. Nunca veremos a un magufo trabajando en un taller mecánico de coches, por ejemplo. Es muy difícil convencer a un motor de que debe funcionar bien si no lleva aceite. Sin embargo, sí los vemos en "talleres de personas". Y es que, efectivamente, una persona es sugestionable. Si un motor falla es debido a alguna causa material especificable. Si una mente falla, en cambio, puede deberse a multitud de causas imposibles de especificar del mismo modo. A veces, incluso, funciona mal simplemente porque cree que funciona mal. Y este es un punto por el que todos estos brujos encuentran un resquicio en el que apoyarse.

El problema fundamental que yo veo es la mentira. Pocas cosas tengo tan claras como que la mentira es mala. Si se actúa mediante la sugestión, dígase. Que no se creen excusas increíbles que involucren a misteriosas energías cósmicas o a anteriores encarnaciones del alma. "Pero es que si no se utilizan tales excusas se perdería la sugestión, ésta solo actúa si permanece oculta" podrían argumentar los magufos. En realidad los magufos no argumentan así, como mucho lo llegan a insinuar, pero nunca lo reconocen. Sin embargo otros, en virtud de una tolerancia mal entendida o por mala fe (no se atreven a reconocerse como creyentes), sí esgrimen esos argumentos y protegen a los magufos de lo que entienden como un "rigor excesivo".

Y aquí es donde llegamos al fondo de la cuestión. ¿Qué tipo de sociedad queremos?

¿Queremos una sociedad (medicina) oscurantista?

Bueno, entonces adelante. Defiéndanse todas estas prácticas. Permítase incluso que las administraciones públicas las amparen. Más aun, que no se hable, por ejemplo, del efecto placebo. Su mero conocimiento es perjudicial y hace que los placebos funcionen peor. Ahora bien, una vez abierta esta puerta, asúmase la responsabilidad de todos los monstruos que van a entrar por ella. Algunos magufos actúan de buena fe, creen realmente en lo que dicen, pero otros saben perfectamente que no son más que unos estafadores que comercian con la salud ajena, y con esa conciencia actúan. El oscurantismo nos dejaría completamente indefensos frente a ellos. Que no se diga luego “yo es que no quería esto”.

¿Queremos, en cambio, una sociedad (medicina) apoyada en la verdad?

Pues entonces, defiéndase ésta.




Addenda:

Creo que debo corregir algo que no he explicado correctamente. Le he dado demasiado margen a unos supuestos efectos curativos que no son tales. La sugestión puede tener efectos en determinados individuos, pero nunca curará una enfermedad cuya causa sea orgánica. No hará disminuir la actividad de una célula cancerosa, ni aumentará el número de plaquetas en sangre, ni impedirá que el organismo reaccione violentamente frente a un agente externo extraño pero inocuo. Frente a una causa orgánica, nada servirá si no hay algún mecanismo que actue sobre dichos órganos.

Otro caso es el de pacientes con enfermedades imaginarias (hipocondriacos) para quienes el placebo si puede resultar efectivo.

La actitud anímica sí puede influir en la salud general de un individuo, pero ésta no debe confundirse con el efecto de los placebos de diversa índole.

4 comentarios. Haz el tuyo.:

Ismael Pérez Fernández dijo...

Un apunte, ¿es siempre mala la mentira? Supongamos que un violador persigue a una mujer, y nos pregunta por donde fue, nosotros decidimos mentir para que el violador no la encuentre, mentimos y tenemos éxito. ¿Es mala la mentira en este caso? Yo diría que no.

En cuanto a los magufos ni agua. :-)

snake dijo...

Ismael, todo es matizable. ¿es siempre malo el homicidio?

Herodoto dijo...

Teneis razón, no siempre es necesario decir la verdad. En algunos casos es incluso deseable recurrir a la mentira. Ahora bien, una cosa es que se recurra a ella en ciertos casos aislados y excepcionales, y otra cosa es que la mentira esté institucionalizada, que forme parte del propio sistema. Si eso ocurre, me parece evidente que algo está funcionando muy mal y que debe ser corregido.

Ismael Pérez Fernández dijo...

Coincido contigo Herodoto, institucionalizar la mentira sería acabar con la sociedad. Sería imposible que existieran lazos de confianza entre los individuos como para mantener un mínimo de cohesión social.