jueves, 12 de febrero de 2009

Prejuicios ideológicos, la vulgarización de las ideologías

Las ideologías son conjuntos de ideas más o menos coherentes entre sí que describen cómo es el mundo, cómo debería ser, y qué se ha de hacer para que sea como debería. Es lógico pensar que los defensores de una ideología han de tener en su mente una imagen del mundo, un modo de interpretar lo que en él ocurre. Ésta imagen tratará de ser a la vez coherente con el mundo y con la ideología, pero hay dos problemas.

Por un lado la información disponible acerca del mundo es enorme, y para representarse una imagen de él será necesario hacer algunas simplificaciones. Siendo el mundo y las relaciones entre sus elementos extremadamente complejos, en estas simplificaciones se perderá parte importante de la información. Además, aunque el caudal de información es muy grande, inevitablemente hay lagunas.

Por otro lado, el mundo no es necesariamente como pretenden o conviene a las ideologías. La gran complejidad de las relaciones señalada antes hace extremadamente difícil que cualquier criterio tajante no deba de enfrentarse a excepciones.

¿Cómo proteger la ideología propia ante estos problemas? Esto puede intentarse limitando la entrada de información a determinados canales (por ejemplo, leyendo solo periódicos de una determinada tendencia). Pero esta forma de actuar es por sí sola insuficiente, siempre quedarán canales abiertos por los que puede entrar información embarazosa. Hay otro recurso que puede funcionar en estos casos: los prejuicios. Los prejuicios existen en gran variedad y están disponibles para quien quiera apropiarse de ellos. Es evidente que cada persona tenderá a asumir aquellos más acordes con sus ideas.

Para ser efectivos estos prejuicios deberán tratar de impedir la entrada de cualquier información que contradiga la ideología propia, o si esto no es posible deberán distorsionarla o interpretarla de manera tal que no llegue a ser del todo incoherente con la ideología. Por ejemplo, alguien con el prejuicio de que “los inmigrantes vienen aquí a robarnos”, ante la información de que un inmigrante entregue una cartera perdida, podrá reaccionar bien negando la información (“seguro que es mentira”), bien presuponiendo algún fin oscuro por parte del inmigrante. En realidad es por esta actitud (rechazo de la información o presunciones sacadas de la manga) que reconoceremos la presencia del prejuicio, pues en muchas ocasiones la persona que lo tiene evitará reconocerlo.

Por supuesto no todos los prejuicios son útiles a alguna ideología. Solo algunos son adecuados en este sentido, a los que llamaré “prejuicios ideológicos”.

Por ejemplo un modelo muy común de prejuicio es el que tiene la forma “Todos los X son mala gente”, donde X es algún colectivo. Según cuál sea el colectivo en cuestión, tendremos un prejuicio perfecto para los propósitos de quien quiera proteger su ideología. Así, si X es "extranjero" (los extranjeros son mala gente), tendríamos un prejuicio muy popular entre nacionalistas. En cambio si X es "rico" (los ricos son mala gente) tendríamos un prejuicio muy difundido entre izquierdistas. Por contra, si X es "pobre" el prejuicio será más frecuente entre derechistas.

En realidad tales prejuicios no son necesariamente elementos constituyentes de las ideologías, o no de todas las ideologías, pero dadas las limitaciones que a la fuerza han de tener las imágenes que los seguidores de determinadas ideologías se hagan a la hora de representarse el mundo, son una tentación muy difícil de resistir.

En último término, cabría la posibilidad de que una persona prescindiera de todos los demás elementos de la ideología y se quedara solo con los prejuicios correspondientes. Este caso extremo es, desgraciadamente, muy común. Pero esas personas no tienen en realidad ideología, sino solo prejuicios.

7 comentarios. Haz el tuyo.:

Agua dijo...

Si yo por eso, sabiéndome humana, y por tanto suceptible de ese peligro en casos y habiendo caído definitivamente en ello en otros, de esa debilidad que expones, cada vez me obligo más a mí misma a ver personas, no grupos (países, nacionalidades, trabajos determinados, lo que sea...), y si me apuras, ni ideologías.

Y no creas, que el esfuerzo continuo creo que no es en absoluto baldío. O eso creo. O eso espero, al menos.

Tanto no es baldío que cada vez sale más frecuentemente solo, sin esfuerzo. Que cada vez me ocurre más, que donde antes veía otra cosa, a poco que ocurra o se destaque algo, dejo de ver la ideología (o lo que sea) para darme cuenta de que lo que veo es la persona, y que es esa persona la que es así, de la forma que sea, o le ha pasado tal cosa, y que es completamente independiente de su ideología o el grupo humano a que pertenece. Tanto que incluso cada vez me molesta más lo contrario, el simplismo y el prejuicio que expones, aun sabiéndome que yo caigo seguro en ello en casos en los que me doy más cuenta si me paro a reflexionarlo, o en los que no me doy cuenta en absoluto.

Cosa distinta es que me quede aún mucho esfuerzo por hacer. Pero bueno, como a todos los humanos supongo...

Y cosa también distinta es que ese esfuerzo sea equivocado, pero a ver, en algo hay que creer y poner el esfuerzo...

Edmond dijo...

Prefiero considerar los prejuicios como algo más antropológico que ideológico (considerando las ideologías como propias del ser humano). Por lo general, se basan en el miedo que las personas sienten ante algunos hechos o colectivos de los cuales solo conocen los casos malos. Las ideologías, o los que las manejan, los utilizan para hallar un buen lugar donde pescar gente para ellas, pues a estos les resulta más fácil identificarse con un prejuicio rápido que con un tratado político complejísimo. Decir si el prejuicio va antes que la ideología o viceversa es imposible, pero van intimamente ligados. Pero creo que la mayor parte de las veces el perjuicio sale del ser humano, por su propia mentalidad, y después se encuentra con una ideología en la que encaja su prejuicio. Y si no tiene una ideología que le guste, la crea intentando convencer a otros hombres.

Herodoto dijo...

Agua:

He definido ideología de modo tal que no sea extrictamente necesario incluir en ella los diversos prejuicios que las ideologías suelen llevar asociados. Este artículo, aunque breve, me ha costado escribirlo muchos meses, y durante parte de esos meses llegué a considerar incluso la posibilidad de definir algo así como "Ideología: conjunto de filtros ideológicos que distorsionan la realidad en una dirección dada". Cambié de idea, las ideologías son algo más que eso. El que una persona desee un mundo mejor, y el que tenga una cierta idea de cómo debería hacerse para mejorar el mundo, no le obliga necesariamente a asumir prejuicios. Y como diferentes personas pueden tener diferentes ideas acerca de cuál sería el mundo mejor y cual sería la manera de llegar a él, la diferencia entre esas personas me parece evidente: tienen distintas ideologías.

Así pues, las ideologías existen y son algo más que colecciones de prejuicios.

Pero los prejuicios son muy persistentes, y cómodos, es dificil luchar contra ellos. Pero hay que hacerlo. Contaré una anécdota: hace unos años escribí un duro artículo contra Libertad Digital en un foro de tendencia pepera-losantiana. El administrador del sitio me desafió: ¿Sería yo capaz de escribir igualmente contra PRISA? Y no es que yo considere que PRISA y Libertad Digital sean homologables, pero acepté el reto. Cogí el que me pareció un buen caso contra El Pais y escribí un artículo muy duro en el que usé toda la mala leche de la que soy capaz, publicándolo en un par de foros con un nick diferente al mio. Fue dificil hacerlo, pero fue liberador. Recomiendo a todo el mundo que acostumbre a escribir en estos sitios que haga el ejercicio. Yo así lo hice con el administrador que me lanzó el reto, pero él o no pudo o no quiso aceptar.

Agua dijo...

Pero es que pasa una cosa, Herodoto, al menos yo la veo, y de ahí mi simplificación.

Es que el que tiene una idea de un mundo mejor significa que tiene detectados, según su particular visión, los problemas que tiene el mundo actual y son esos los que quiere ayudar a solucionar.

Es en ese origen, en la detección de los problemas, donde puedan estar ya los prejuicios.

Porque a lo mejor unos ven que el mundo adolece de unos problemas mientras que para otros, esos problemas no lo son en absoluto y los que detectan son otros.

Y ambos tienen la idea de un mundo mejor, y el camino, la ideología que cada uno tenga como solución a los problemas, parte de esa primera visión, visión que ya podría estar influenciada por tanto desde su mismo origen. Por los prejuicios, por las lógicas simplificaciones, podríamos hasta llamarlas síntesis, que por eficacia establece la mente humana ante cualquier observación de algo complejo.

Lo que ocurre mucho más tarde, que se aprovecha a conveniencia esa tendencia natural a la síntesis por eficacia de la mente humana, ese ya es otro tema, y es quizá a lo único que llaman prejuicios, cuando los prejuicios no solo no son eso, sino que creo yo que no tienen además ese origen peyorativo.

Y prejuicios, ya digo, no solo están los que se aprovechan para manipular, sino esos mismos que nos permiten hacernos una idea del mundo que vemos y qué de él queremos mejorar.

O dicho de otra forma: ¿no son en realidad las bases de las ideas, las percepciones, también prejuicios?
Es que a lo mejor por prejuicio solo se entiende la acepción peyorativa del término, cuando por el contrario, la acepción quizá original de prejuicio no sea la peyorativa, sino esa que le permite a la mente humana simplificar lo que ve, por ser demasiado complejo como para que quepa en una sola mente al detalle, y así poder tomar decisiones al respecto.

No sé si me explico.

Herodoto dijo...

Edmond, me parece interesante tu aportación. Yo creo que los planos antropológico e ideológico no hay de ser incompatibles, cuando las ideas (y los estudios) son lo suficientemente buenas. Estoy de acuerdo en que desde un punto de vista cronológico los prejuicios son por lo general anteriores a las ideologías, requieren mucho menos esfuerzo y recursos. De todos modos, permíteme insistir en la misma idea que he dicho a Agua: No veo necesidad a priori de que las ideologías deba apoyarse en prejuicios, aunque en la práctica casi todas las personas acaben recurriendo a ellos para proteger sus ideas.


Bienvenido por este blog.

Herodoto dijo...

Agua, no le veo mucho sentido a continuar duplicando el debate. Así que salvo un cambio de enfoque, seguimos debatiendo en el foro que administras aquí

Edmond dijo...

Lo malo es que no tenemos que ver tu o yo la necesidad de los prejuicios para las ideologías. Sin embargo, aunque a priori no las necesiten, para su desarrollo popular van a tener que ser necesarios. Es más sencillo convencer a la gente diciendo "que malos son los judios/capitalistas/otro colectivo" que haciéndoles leer el Capital, por ejemplo. Y ahora lo necesitan más que nunca, sobre todo con la cantidad de medios de comunicación que no es que tengan una línea editoria sino que directamente manipulan a la gente para servir sus intereses políticos. Vivimos en una especie de oclocracia, sin darnos cuenta, ya que la política no se basa tanto en opiniones fundamentadas como en prejuicios utilizados por unos y otros de forma demagógica. Seguramente si Aristóteles hubiese vivido en este siglo, hubiera creado una nueva forma de degeneración de la democracia de la mixtura de su oclocracia y el poder de los medios de comunicación, para mi ejemplos de lo que Rousseau dijo sobre las voluntades generales que ceden a las voluntades particulares (jefes de medios de comunicación). El titular de un periódico es en el 99% de las veces un ejemplo de un dismulado prejuicio característico de su ideología.