viernes, 7 de mayo de 2010

¿Supersticiones razonables? (I)

Las supersticiones suelen ser nada más que meras supercherías sin valor alguno. Sobre todo en el caso de las más fugaces, casi siempre grandes memeces sin la más mínima base racional desde el mismo momento de su nacimiento. La pulsera de moda llamada “Power Balance”, emblema de la estupidez de quien sea que la porte, es un buen ejemplo. En un interesante artículo que traduje más mal que bien sobre los "efectos curativos de la radioactividad", que causaron furor al principio-mediados del siglo pasado, tenemos otro.

Sin embargo no siempre es tan sencillo. Marvin Harris describe en varios de sus libros la racionalidad subyacente a muchas supersticiones. Por ejemplo, en “Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura” Harris nos descubre que hay poderosas razones económicas para que los árabes tengan prohibida la carne de cerdo o para que los hindúes consideren sagradas a las vacas. Razones de las que casi nunca son conscientes las propias personas que sostienen las supersticiones, pero que sin embargo están ahí y son causa secreta del triunfo de la superstición.

Tampoco debería sorprendernos mucho esto, al fin y al cabo una superstición que fuera nefasta para la sociedad haría que dicha sociedad tuviera una importante tara frente a las otras sociedades que compiten con ella. Cabe pues pensar que si una superstición sobrevive durante mucho tiempo en una sociedad esa superstición no puede ser muy negativa, o incluso podría ser positiva, aunque nadie en esa sociedad fuera capaz de explicar racionalmente por qué. (También cabría la posibilidad de una superstición nefasta si la sociedad se desenvuelve en un entorno tan amable que le permite tales lujos, pero pobre de ella cuando ese entorno cambie).

Creo importante puntualizar una cosa: la superstición puede ser buena para la sociedad en que se desarrolla, pero nefasta para los individuos que creen en ella. Un claro ejemplo es la creencia en que los guerreros muertos recibirán una gran recompensa en otra vida . Un guerrero con esa creencia tiene un hándicap importante y bastantes menos posibilidades de sobrevivir que uno que no la tenga. Y sin embargo, una sociedad que inculque esa creencia a sus guerreros tiene por su parte más posibilidades de sobrevivir que una que no lo haga, sobre todo cuando el entorno obliga a una dura lucha por los recursos.

Pero todas las supersticiones, aun las que benefician de alguna manera a la sociedad y a sus individuos, tienen una gravísima tara: son acríticas. Se mantienen por tradición y quienes las mantienen jamás se plantean por qué las cosas han de ser así, al contrario, se levantan tabús para protegerlas. Y ay de aquel que se atreva siquiera a cuestionarlas, muchos han muerto por eso. Ocurre que las circunstancias cambian, y la que un día pudo ser una idea más o menos buena, hoy puede ser pésima, convirtiéndose los tabús en graves taras para la sociedad. No me puedo resistir a traer un extracto de Marvin Harris, "Antropología Cultural":

A mediados del siglo XIX, el descubrimiento de que la triquinosis era provocada por comer carne de cerdo poco cocida se interpretó como una verificación rigurosa de la sabiduría de Maimónides. Judíos de mentalidad reformista se alegraron ante el sustrato racional de los códigos bíblicos y renunciaron inmediatamente al tabú sobre la carne de cerdo. La carne de cerdo, cocida adecuadamente, no constituye una amenaza a la salud pública y, por consiguiente, su consumo no puede ofender a Dios. Esto indujo a los rabinos de convicción más fundamentalista a emprender un ataque contra toda la tradición naturalista. Si Yahvé simplemente hubiera deseado proteger la salud de su pueblo, le habría ordenado comer sólo carne de cerdo bien cocida en vez de prohibir totalmente la carne de cerdo. Evidentemente, se aducía, Yahvé pensaba en otra cosa, en algo más importante que el simple bienestar físico.


Tenemos ahí dos casos: algunos judíos son sensatos y aprovechan el conocimiento científico para analizar críticamente las causas de la superstición y concluir que éstas han cambiado, otros, en cambio, son más conservadores.

(Continuará...)

2 comentarios. Haz el tuyo.:

Ismael Pérez Fernández dijo...

Buen artículo y buen libro el Harris. Sólo una cosilla, en el título del post de falta la "t" en supersticiones.

Un saludo.

Evocid dijo...

ops, gracias, Ismael. Y tambien al que haya meneado este artículo.